A pocos metros de la parada Universidad Católica del metro,  sobre la Alameda O´Higgings está la esquina con la calle José Victorino Lastarria, en homenaje al escritor y pensador liberal quien fue uno de los personajes importantes de la historia chilena en el siglo XX que llegó al lugar como también lo hicieron por ejemplo doña Victoria Subercaseaux, prima y esposa del que fuera intendente de Santiago Benjamín Vicuña Mackenna; Pedro Aguirre Cerda, presidente de Chile entre los años 1938 y 1941,intelectuales y artistas reconocidos de la nación trasandina, como el arquitecto y pintor Nemesio Antúnez, el pintor Camilo Mori, el novelista Luis Orrego Luco, entre otros. Esta arteria y las demás del lugar, conforman un entorno apacible, hermoso, con una arquitectura y decoración que llama la atención y hace que sea un lugar ideal para el visitante con barcitos, restaurantes y hoteles boutiques muy coquetos y acogedores.

En los próximos días, de la mano de Turismo Chile, volando por LATAM y con la cobertura de Tarjeta Celeste, estaremos compartiendo desde este espacio una nueva experiencia en territorio trasandino para conocer la infraestructura del país hermano de cara al turismo de reuniones.

Miércoles, 25 Enero 2017

Limón en Costa Rica: sobre gustos...

La última escala del crucero que realizamos recientemente, luego de las de Cartagena en Colombia; Montego Bay en Jamaica y George Town en Caimán, fue en Puerto Limón, Costa Rica. Era nuestra primera vez en esta nación y a pesar que desde siempre la hemos considerado favorablemente por sus diversos índices característicos que la sitúan en los lugares preferenciales si hablamos de biodiversidad; libertad de prensa; seguridad; democracia; salud o educación, nunca la habíamos colocado mentalmente como un destino turístico a visitar. Definitivamente es un lugar que "parte las aguas" a la hora de evaluarlo. Hay quienes aman conocerla y hay quienes la miran con respeto pero desde lejos, como yo. Para colmo, el día de nuestra visita (viernes 13 de enero) estuvo lluvioso, con viento y jamás vimos el sol. Amigos nuestros han vuelto fascinados luego de estar en San José, en Manuel Antonio, en Tortuguero o en la misma Puerto Viejo en la que estuvimos nosotros, camino a Manzanillo en la excursión contratada. Todos ellos destacaron con énfasis la posibilidad de practicar canotaje, el canopy, el rafting, disfrutar las playas de arenas volcánicas, o sea, exactamente todo lo opuesto a nuestro gusto emparentado con el hedonismo. Jamás hicimos ni haremos por propia voluntad camping ni turismo de aventura. Tenemos que dormir en hoteles y cuanto más confortables mejor y adoramos las arenas blancas y el mar caribe del folleto, de aguas trasparentes, cálidas y "tipo plato". Durante todo el día vimos al Caribe embravecido, con olas, nos embarramos caminando y no se nos pasó por la cabeza sentarnos a comer.

La habíamos visitado en junio pasado y habíamos titulado esa crónica: Islas Caimán: el destino de las billeteras gordas. Esta vez obviamos la visita del centro comercial y la zona donde están los bancos y nos dispusimos a aprovechar una de las jornadas de playa por excelencia en el Caribe.

Por diferentes motivos relacionados principalmente con la acumulación de tiempo sin conexión a Internet potable y el deseo de detallar con fidelidad manifiesta todo lo relacionado a las escalas de George Town en Islas Caimán y de Puerto Limón en Costa Rica, hemos decidido saltear hoy ese enfoque y dedicar esta crónica de viaje a la reflexión de esta seguidilla de cruceros vivida en un año. Hay dos aristas que son las que más nos interesa abordar: el tipo de viajero actual en los cruceros y el tratamiento al personal de a bordo y sus características.

Nos había gustado tanto el crucero que realizamos el año pasado que cuando mi esposa pudo confirmar sus vacaciones volvimos a elegir casi la misma fecha este año para el viaje de 8 días que de los cuatro puertos visitados en 2016 cambiaba tres. Repetímos solamente Cartagena como ya lo contamos y en esta jornada, luego de una muy movida travesía (mucho viento) con cuarenta y cinco minutos de retraso llegamos a Montego Bay, la segunda ciudad en importancia después de la capital Kingston, desde donde salimos a las 10.15 en una excursión contratada a bordo hacia Negril, destino que yo había conocido en 1993 de la mano de Viajes Halcón en un famtour con un grupo de agentes de viajes en el que fuimos dos periodistas, Guillermo Scheck de El País y yo, experiencia que me había resultado fabulosa y era además, mi primer viaje al Caribe. En esa oportunidad, con el flaco Washington Pees cuando íbamos a hacer snorkel llegamos tarde y tuvimos que esperar que algún compañero terminara para que nos prestara el equipo, en esas estaba yo solo, a bordo, esperando, cuando vi venir un par de lanchas del Hotel Hedonism con 80 europeos recién llegados, es decir

todos rubios blancos leche y ostentando la chance de uso de ropa opcional...Todo el grupo estaba mirando pececitos de colores, corales, sumergidos sus rostros y fueron viendo aparecer de la nada cuerpos desnudos por doquier...

 Desde que supimos que nuevamente íbamos a visitar Cartagena, decidimos que haríamos el esfuerzo de llegar a la isla de Barú "es un paraíso" nos dijo un matrimonio colombiano en un vuelo de Iberia entre Roma y Madrid hace algún tiempo. Sabíamos que la cosa no iba a ser fácil por el estrecho margen de tiempo que deja disponible el crucero en cada escala pero estábamos con la voluntad de hacerlo, a pesar que la más contundente recomendación implícita de no intentarlo estaba en el programa oficial de a bordo: no existe la propuesta de ir a Barú.

Previa pasada por el PriceSmart en Ciudad de Panamá, un hipermercado con precios muy poco creíbles, cubrimos la distancia hasta el puerto de Colón en una hora de viaje a través de una autopista bastante aceptable a pesar del evidente paso de los años y llegando, volvimos a tener la misma sensación deplorable al comprobar el choque brutal entre la modernidad y brillo de la capital con la opacidad de este lugar, con calles y casas deterioradas, casi como un viaje al pasado.

Afortunadamente Dios y Copa Airlines una vez más nos trajeron a Panamá con la cobertura de Tarjeta Celeste, cumpliendo cuatro años de excelencia en asistencia en viaje. Y cada vez que venimos nos reconforta ver, comprobar en vivo y en directo la forma en que este país crece, mejora su oferta turística y a pesar que en el comparativo enero/setiembre 2015 y 2016, llegaron más de un 11% menos de turistas, aumentó el ingreso de divisas por turismo por encima del 5%. Nótese que este país, situado en una ubicación geográfica hiperprivilegiada, contando con una aerolínea como Copa Airlines que conecta a la capital panameña prácticamente con todos los puntos emisores importantes de las tres Américas, que está a "vuelo de pájaro" de Colombia, Brasil, Estados Unidos, México, faltando contabilizar el último trimestre de 2016, apenas pasó los 1,9 millones de turistas pero su registro en dólares (aunque ellos les llamen Balboas) supera los tres mil trescientos millones de billetes verdes. La última comparación que hicimos al cotejar datos estadísticos del MINTUR de Uruguay con la Dirección de Migraciones nos dio que más del 96,3% (de acuerdo a lo que dicen Kechichian y Liberoff) son turistas. En Panamá, los turistas representaron poco menos que el 85%...Hicimos el ejercicio de preguntarles a varios panameños el nombre del ministro de turismo de este país...en el mostrador donde alquilamos el auto; en la recepción del importante hotel de cadena donde estamos alojados; en los centros comerciales que visitamos y la respuesta fue...una sonrisa y una disculpa...

En los próximos días, si Dios y Copa Airlines así lo quieren estaremos contándoles acerca de una nueva experiencia que estamos emprendiendo. Luego de unos días en la capital panameña estaremos embarcándonos nuevamente en un crucero en el puerto de Colón. Como siempre ocurre en las salidas al exterior, contaremos con la cobertura en viajes de TARJETA CELESTE que ya cumple cuatro años atendiendo a un segmento cada vez más importante del mercado uruguayo.


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