Luis Irigoin llegó a Paso de los Toros hace dos décadas por razones laborales. No nació allí, pero terminó enamorándose de la ciudad. Hoy, como alcalde, observa cómo el histórico corazón ferroviario del país se transforma a partir de nuevas oportunidades de desarrollo y está convencido de que el turismo será uno de los grandes protagonistas del futuro.
Hay definiciones que valen más que un largo discurso. En Tacuarembó, al igual que en todo Uruguay cuando algo alcanza la excelencia, se dice simplemente que “es Gardel”. Por eso, cuando el inten- dente Wilson Ezquerra afirma que “Turismar es Gardel”, no está haciendo una cortesía institucional. Está expresan- do, con el mayor reconocimiento posible para un tacuaremboense, el lugar que la empresa ocupa en la vida del departamento.
Felipe Algorta no habla de Turismar como un observador externo. Habla como un usuario que durante años viajó entre Durazno y Montevideo mientras estudiaba y daba sus primeros pasos en la actividad política. Por eso, al celebrar los cincuenta años de la empresa, siente que también está recordando una parte de su propia historia.
Hay personas que fundan una empresa. Otras la dirigen, la hacen crecer o la proyectan hacia el futuro. Julio Semproni ocupó un lugar diferente. Llegó cuando Turismar todavía no existía y terminó convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas silenciosos de su nacimiento. Su historia demuestra que las empresas no se construyen únicamente con ómnibus y rutas; también necesitan personas capaces de transformar una idea en una organización.
Hay personas que llegan a una empresa por una oportunidad laboral. Otras, porque eligieron determinada profesión. Y están quienes, prácticamente desde que tienen memoria, no recuerdan una vida fuera de ella. Fernando Marichal pertenece a ese último grupo. Su historia personal y la de Turismar crecieron en paralelo, al punto de que resulta imposible separar una de la otra.
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