Este fenómeno es especialmente contundente en comparación con 2025, el mejor año turístico de la historia del emirato. Pero las cosas no van. En marzo, cuando empezaron los bombazos, la ocupación hotelera cayó al 20 por ciento. Pero en junio, cuando se suponía que la recuperación tenía que ser sustancial, aún se ronda el 45 por ciento. Se han cancelado más de cien grandes eventos previstos en la ciudad, lo que nos indica la magnitud del problema.
A día de hoy, como no vuelven los turistas, tampoco vuelven las aerolíneas. British Airways volverá el 25 de octubre, Lufthansa el 13 de septiembre; Singapore, el 24 de octubre.
La aerolínea local, Emirates, está trabajando intensamente en normalizar las operaciones, pero el negocio no termina de ir como antes. Ya vuela a casi todos los destinos anteriores, pero como la demanda está floja, sus frecuencias son un 75 por ciento de lo normal. Así y todo, como hub las cosas más o menos funcionan, como destino turístico el problema es más profundo.
Los problemas en Dubái son humanos también porque la legislación laboral es muy poco protectora de los empleados, de forma que los despidos han sido masivos. Muchos permisos de residencia corren peligro debido a la falta de empleo de sus titulares.
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