por Marta García Llamas, Condé Nast Traveler
Eso es, precisamente, lo que quedó claro durante el encuentro organizado por Skyscanner, donde la plataforma presentó algunas de las novedades que reflejan hacia dónde se mueve el turismo en 2026: más flexible, más híbrido y mucho más digital. Porque sí, el viajero ha cambiado. Y sus hábitos también.
La era del “ya lo reservaré”
Aunque cada verano parece empezar antes en redes sociales, la realidad es otra: según los datos compartidos por la compañía, el 60 % de los españoles todavía no había reservado sus vacaciones estivales. Una cifra que confirma una tendencia cada vez más evidente entre los viajeros: menos planificación rígida y más decisiones de última hora.
La incertidumbre económica, la flexibilidad laboral o simplemente el deseo de improvisar han convertido las reservas tardías en una nueva normalidad. Ya no se trata tanto de cerrar un viaje con meses de antelación como de encontrar opciones rápidas, comparables y adaptadas al presupuesto del momento. Y ahí entra en juego la tecnología.
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Del avión al tren (sin salir de la misma búsqueda)
Durante años, las plataformas de viajes se centraron casi exclusivamente en los vuelos. Ahora, el paradigma empieza a cambiar. Una de las principales novedades anunciadas por Skyscanner es la incorporación de trayectos en tren dentro de su buscador, permitiendo comparar diferentes formas de desplazarse desde un mismo lugar. La tendencia responde a algo más profundo que una simple cuestión práctica. El tren se ha consolidado como una alternativa cada vez más atractiva para los viajeros europeos: menos esperas, estaciones en el centro de las ciudades y una percepción de viaje más sostenible y relajado. Especialmente en trayectos cortos y medios, muchos usuarios ya no piensan únicamente en “coger un vuelo”, sino en cuál es la mejor forma de llegar. Y, en muchos casos, esa respuesta ya no está en el aeropuerto.
La inteligencia artificial entra en la planificación de viajes
La otra gran protagonista del encuentro fue la inteligencia artificial. Skyscanner anunció también su integración en ChatGPT, permitiendo que los usuarios puedan buscar vuelos mediante conversaciones naturales. La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la experiencia. En lugar de introducir fechas exactas y destinos cerrados, el viajero puede pedir algo mucho más abierto: “quiero una escapada de tres días cerca del mar”, “un viaje barato en septiembre” o “un destino fresco para agosto”. La búsqueda deja de ser técnica para convertirse en algo mucho más intuitivo, casi parecido a hablar con un amigo que recomienda viajes. En una época marcada por la sobreinformación y el exceso de opciones, la inteligencia artificial promete simplificar uno de los momentos más agotadores de cualquier escapada: decidir.
Quizá la verdadera conclusión no tenga que ver ni con algoritmos ni con plataformas. Lo que realmente está cambiando es la forma en la que entendemos el viaje. Hoy el lujo no siempre pasa por hoteles imposibles o billetes en business. A veces consiste, simplemente, en encontrar opciones rápido, moverse de manera más cómoda y sentir que organizar unas vacaciones no implica horas infinitas frente a una pantalla. Menos rigidez. Más flexibilidad. Menos pestañas abiertas. Más conversaciones. Viajar, en definitiva, empieza a parecerse mucho más a cómo vivimos.
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