Recife, Olinda y Porto de Galinhas en todo su esplendor
Domingo, 05 Julio 2026

Recife, desde Alto da Sé, en Olinda Recife, desde Alto da Sé, en Olinda

Nuestra primera escala en Pernambuco nos lleva al corazón histórico de Recife. Comenzamos en el Marco Cero, el lugar desde donde empezó a desarrollarse la ciudad y que hoy representa mucho más que un punto geográfico: es el gran espacio de encuentro entre la historia, la cultura y la identidad pernambucana.

por Sergio Antonio Herrera, desde Maragogi, Alagoas, Brasil

Muy cerca de aquí funciona el Centro de Artesanato y el espacio dedicado al Carnaval de Pernambuco, una celebración que posee características propias y que se diferencia claramente del carnaval de Río de Janeiro. Aquí el gran protagonista es el frevo, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, una expresión artística que combina música, danza y una energía verdaderamente contagiosa.

A pocos pasos encontramos un edificio cargado de historia. Donde alguna vez funcionó el antiguo telégrafo, hoy se presentan espectáculos permanentes dedicados justamente al frevo, además de tradicionales funciones de marionetas, una manifestación cultural profundamente arraigada en el nordeste brasileño.

Y cuando se habla del carnaval de Recife resulta imposible no mencionar al célebre Galo da Madrugada. Lo que comenzó en la década de 1970 como la iniciativa de apenas veinte amigos terminó convirtiéndose en el bloco carnavalesco más grande del planeta. Cada sábado de carnaval convoca a varios millones de personas, transformando las calles de Recife en una verdadera marea humana de música, baile y color.

Pero Recife también conserva capítulos fundamentales de la historia de América. Aquí se encuentra la Sinagoga Kahal Zur Israel, considerada la primera sinagoga establecida en América, testimonio de la presencia de la comunidad judía durante el período de dominio holandés en el siglo XVII y uno de los sitios históricos más importantes del continente.

Regresamos al Marco Cero, ubicado en el barrio Recife Antigo. En el suelo sobresale la monumental rosa de los vientos diseñada por el artista pernambucano Cícero Dias, convertida en uno de los símbolos de la ciudad. Desde este punto también se obtiene una de las mejores panorámicas del Parque de las Esculturas Francisco Brennand, instalado sobre un pequeño arrecife frente al puerto. Entre sus obras destaca la Torre de Cristal, creada para conmemorar los quinientos años del descubrimiento de Brasil, que se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del paisaje recifense.

Muy cerca se encuentra la estatua del Barón de Río Branco, uno de los diplomáticos más importantes de la historia brasileña, cuya actuación fue decisiva para la definición pacífica de las fronteras del país y para la consolidación territorial de varios estados brasileños.

Mientras tanto, un catamarán navega las aguas del río Capibaribe, uno de los cursos fluviales que atraviesan Recife junto con los ríos Beberibe y Jordão. Estos paseos permiten descubrir la ciudad desde otra perspectiva y explican por qué Recife también es conocida como la "Venecia Brasileña", gracias a la cantidad de puentes, islas y canales que forman parte de su geografía urbana.

Ingresamos ahora a una de las calles más emblemáticas de Recife Antigo: la Rua do Bom Jesus. Considerada entre las más bonitas de Brasil, concentra siglos de historia en apenas unos cientos de metros. Aquí convivieron comerciantes portugueses, holandeses y judíos, convirtiéndose en uno de los centros comerciales más importantes de la época colonial. Hoy mantiene ese aire histórico acompañado por cafés, galerías de arte, centros culturales y edificios cuidadosamente restaurados.

Otro sitio que resume buena parte de la historia de Pernambuco es la actual Casa da Cultura. Cuesta imaginar que este magnífico edificio circular funcionó durante más de un siglo como la antigua prisión del estado. Hasta 1973 fue el presidio de Pernambuco. Después de su cierre, cada una de las antiguas celdas fue transformada en pequeños locales donde hoy artesanos de toda la región exhiben y comercializan sus trabajos. Es un excelente ejemplo de recuperación patrimonial, donde un lugar asociado al encierro pasó a convertirse en un espacio abierto dedicado al arte, la cultura y el turismo.

Dejamos Recife para recorrer apenas unos kilómetros y llegar a Olinda, ciudad declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO y considerada una de las joyas coloniales mejor conservadas de América.

Desde el Alto da Sé se obtiene una vista realmente privilegiada. A nuestros pies aparecen los tejados de Olinda y, en el horizonte, el perfil moderno de Recife, mostrando en una sola imagen el contraste entre dos ciudades hermanas separadas por muy pocos kilómetros, pero con personalidades completamente diferentes.

En este mismo punto se encuentra la Catedral da Sé, uno de los principales templos religiosos del nordeste brasileño, cuya ubicación permite dominar toda la costa atlántica y entender la importancia estratégica que tuvo Olinda durante la época colonial.

Pero si existe una imagen que identifica inmediatamente a Olinda son sus famosos muñecos gigantes. Inspirados en antiguas tradiciones europeas y adaptados a la cultura pernambucana, estos personajes desfilan cada carnaval representando figuras históricas, artistas, políticos y celebridades. La Casa dos Bonecos Gigantes permite conocer de cerca el trabajo artesanal que da vida a estas enormes figuras, convertidas hoy en uno de los grandes símbolos culturales del estado.

Finalmente iniciamos el descenso por la histórica Ladeira da Misericórdia. Sus calles empedradas, las coloridas fachadas coloniales, las iglesias y los talleres de artistas acompañan cada paso. Caminar por Olinda no es solamente recorrer una ciudad histórica; es recorrer más de cuatro siglos de historia brasileña, donde el patrimonio permanece vivo y continúa formando parte de la vida cotidiana de sus habitantes.
Después de recorrer Recife y Olinda, el viaje por Pernambuco continuó por carretera hacia Porto de Galinhas, uno de los destinos de playa más reconocidos del nordeste brasileño.

Allí nos alojamos en un hotel ubicado directamente sobre la playa, una experiencia que permite entender rápidamente por qué Porto de Galinhas se ha consolidado como un destino tan buscado. Desde sus instalaciones, sus espacios abiertos y su salida directa al mar, mostramos ese perfil de hotelería pensada para disfrutar el paisaje sin intermediarios, con la playa como gran protagonista.

Por la noche, recorrimos el centro de Porto de Galinhas, donde se concentra buena parte del movimiento turístico: comercios, restaurantes, artesanías, bares y ese ambiente distendido que caracteriza a los destinos de playa cuando cae el sol.

Al día siguiente, ya con la luz del día, la imagen cambia y aparece el gran símbolo del lugar: sus playas, sus piscinas naturales, las jangadas, el color del mar y toda esa oferta que combina descanso, paseo, gastronomía y contacto directo con la naturaleza.

De esa manera, este especial PDA sobre Pernambuco reúne tres miradas complementarias: Recife, con su historia, su cultura y su identidad urbana; Olinda, con su patrimonio, sus colores y su memoria colonial; y Porto de Galinhas, con la postal de playa que completa una de las experiencias turísticas más representativas del nordeste brasileño.

Portal de América

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